Osasuna 2 Zaragoza 0

Barullo en una jugada

En primer lugar perdón por tantos de parón pero ha habido escrito en las últimas fechas, pero diversos acontecimientos me lo han impedido. En estas fechas el Real Zaragoza ha dado dos pasos de gigante ganando en casa por 3 a 0 al Valencia y por 2 a 0 al Málaga.  Pero en su visita a Pamplona cayo por 2 a 0 en regular partido.

El partido no fue sino un paréntesis entre dos goles. Aranda abrió la puerta en el minuto 2; Vadocz la cerró en el 90′. No hablamos de un paréntesis vacío, pero casi. Lo que faltó tal vez podamos llamarlo sustancia, sobre todo en el equipo de Gay, que jugó el choque con gesto distante.

Respecto a Osasuna, su fútbol no escapó a la vulgaridad, pero al menos hizo lo esencial: contener y golpear. El Zaragoza se hizo barro cocido en una tarde cálida; lo vacunaron nada más salir al rectángulo y no tuvo ni bravura ni juego para contestar a la afrenta en todo el partido.

El resultado de todas esas fuerzas habla de un choque que no merece otra memoria que la estadística. La victoria de Osasuna clausura su grisalla de las últimas semanas. Al Zaragoza le va a tocar seguir remando. Hasta el 40 de mayo, por lo menos.

Si el partido no lo olvidamos de inmediato, como la comida china, fue por los goles. Ambos tuvieron un fulgor aislado. Osasuna metió el primero casi aún en el vestuario, en el minuto 2. Lo firmó Aranda con una vaselina sutil, que mostró el lado procaz y sedoso de un jugador de naturaleza temperamental. Fue un balón que le vino desde la zurda de Sergio por hilo telegráfico.

El rubio defensa (represaliado de Marcelino, estupendo otra vez), pegó con la zurda desde el fondo, convirtiendo su pierna de apoyo en un artilugio de precisión. El balón pasó por arriba para llover dulcemente entre los dos centrales del Zaragoza y lejos de Roberto. En realidad, Sergio había medido el cordel exacto para el pie diestro de Aranda, que lo domesticó en el bote con una vaselina de interior.

Ese tanto definió el partido. En realidad, los goles sintetizaron todo: Osasuna jugó sin alharacas, pero supo acabarlas; enfrente, el Zaragoza quedó aplanado en los polígonos de sol y sombra que dibujó la tarde sobre el césped. Como los compañeros de Dorothy, tuvo cerebro de paja y pies de plastilina. No hubo modo de encontrarle el cuerpo ni una sintonía de juego.

Atacó sin acabar de hacerlo, con leves conquistas por afuera, adelgazadas conexiones de Jorge López y pases al cuerpo de Azpilicueta o Sergio. La mayoría de centros fueron al tercer palo, el de los fotógrafos. Suazo no tenía acreditación.

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