Atlético de Madrid 1 Real Zaragoza 0

El Zaragoza volvió a perder y lo peor de esta vez fue la manera, el Atlético no jugo a nada en especial y gano al Zaragoza, tras un error de Lanzaro en defensa porque Filipe Luis le gano por velocidad y se la puso a Diego Costa en boca de gol.

El partido ha sido una mala caricatura de nosotros mismos, un escaparate en el que ya no cabe más inoperancia, en el que ya no es posible mostrar más incapacidad.

Se ha mejorado en consistencia defensiva, si bien el más leve despiste nos cuesta un gol, como se ha podido comprobar hoy con ese desajuste en una cobertura inédita en la que ha debutado un desorientado Lanzaro que tan sólo ha durado 45 minutos sobre el césped.

Ha mejorado la defensa, decía, pero cuando el otro equipo nos deja el balón o nosotros se lo arrebatamos porque el otro se aburre con él, ya no sabemos qué hacer. Se nos hace de noche cuando tenemos que combinar, asociarnos y dibujar una jugada.

No hay capacidad para crear, no tenemos el talento que se precisa para llevar la amenaza a las trincheras contrarias y nos falta calidad para interpretar la más modesta de las partituras. El resultado es la nada, el vacío, el callejón sin salida en que se está convirtiendo nuestra vida.

La primera media hora la ha comprado el Atlético en el Mercado del Fútbol. Les ha bastado quedarse el balón para encerrarnos atrás, en ese territorio que ha señalado Gay y del que ha prohibido que nadie saliera, no vaya a ser que nos constipemos. Y ahí, donde se supone que teníamos que vivir esta noche, hemos muerto. Una pérdida del balón en el medio campo, una galopada de Filipe Luis y un vigoroso remate a gol de Diego Costa han acabado con nuestro planteamiento inicial.

A partir de ahí el Atleti nos ha invitado a jugar, ha escenificado su papel de buen anfitrión pero nosotros no sabemos sr mejores huéspedes. Hemos querido, sí, pero ni conocemos las reglas ni nadie nos ha explicado que para completar este viaje hace falta tener algo más que ganas.

Y menos mal que la lesión de Leofranco la ha solventado muy bien Tonidoblas, su sustituto, con una proverbial parada a disparo de Diego Costa en la primera parte y otra buena intervención a un cabezazo de Godín en la segunda.

La continuación la ha planteado Gay con dos delanteros, Marco Pérez y Sinama, que han salido al campo con el encargo de abrir espacios, atemorizar a la defensa rojiblanca y trazar diagonales por las que propiciar ocasiones de gol y ha retrasado a Ander para que se encargara de echar carbón en la sala de máquinas.

Pero nada ha salido bien. Las dos únicas ocasiones de gol las ha protagonizado Gabi, con sendos disparos desde lejos mientras el trabajo del mencionado Ander no encontraba fruto porque en la línea de tres cuartos se nos acaba el crédito.

Ni siquiera cuando el Atleti se ha quedado con diez por expulsión de Reyes por propinarle un codazo/empujón a Contini hemos sido capaces no ya de de revertir el resultado, sino ni siquiera de poner nerviosa a la parroquia colchonera.

La salida de Bertolo, el entusiasmo de Lafita y el empeño de Ander y Gabi han sido insuficientes para afrontar un final de partido con todo a favor pero con una débil capacidad para resolver la contienda.

Apenas hemos inquietado a De Gea, no hemos disparado a puerta más cerca de quince metros y en ningún caso hemos inquietado seriamente al joven portero toledano. Y es que el propio Gay lo ha reconocido: “Hemos tenido las persianas bajadas en ataque”. Lo peor que nos puede pasar es que no seamos capaces de encontrar un carpintero que nos ayude a subirlas.

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