Previa Real Madrid Zaragoza

El carácter de los equipos suele construirlo una suma de futbolistas, pero hay ocasiones en las que el entrenador, su figura y su sello, se elevan por encima, convirtiéndose en alma y en motor. En una especie de tótem irrebatible.

El partido de hoy en el Santiago Bernabéu entre el Real Madrid y el Real Zaragoza reúne a dos de esos equipos donde el técnico es más que un compositor de sistemas tácticos y un gestor de grupos. Al Madrid del presente ha dejado de definirlo su gente y su institución para pasar a hacerlo su entrenador, un hombre polémico, volcánico, inteligente y que ha convencido al madridismo de que él es la bandera necesaria hacia el fin de la hegemonía del Barcelona.

La única. Su palabra es un dogma. Mourinho habla y el Madrid late. Mourinho ejerce y el Madrid acata. Mourinho es el principio y el final. Es un todo. En el Real Zaragoza, hay algunas diferencias. La personalidad del club está quebrantada desde hace tiempo. Poca gente se identifica con la entidad y sus símbolos.

No ocurre lo mismo, en cambio, con el equipo y su entrenador. Javier Aguirre ha sido el artífice de que la gente se haya vuelto a conectar a la causa, y el zaragocismo se ha volcado con la plantilla y el técnico en la lucha desesperada y agónica por agarrarse a la Primera División.

Si, en el Madrid, Mourinho ha pasado a totalizar casi todo, desde las alineaciones, a las estrategias de comunicación y la vida en los despachos, en el Real Zaragoza, Aguirre se ha limitado a lo suyo, a entrenar y a alimentar de esperanza una pelea sofocante. Lo ha hecho con la gente y con los futbolistas.

Por eso, el Zaragoza que juega al fútbol y trabaja por un destino en Primera, solo ese, es el Zaragoza de Aguirre. Su artesanía y su verbo le han dado carácter propio al equipo, un colectivo más convencido que nunca, tanto de salvarse, como de asumir retos hercúleos como el de esta tarde en el Santiago Bernabéu. Si Aguirre dice que se puede ganar al Madrid,el Zaragoza lo toma como una cucharada dulce de fe. Cree. Cree en Aguirre.

Pero al Zaragoza no le basta con eso. Necesita puntos. Ya sean los tres o uno, y sobre todo corregir su negra dinámica como visitante: cuatro derrotas consecutivas. Es recomendable hacerlo para no depender de La Romareda y la fiabilidad del equipo en ella. No parece el Bernabéu ni el Real Madrid el mejor contexto para hacerlo, pero la ocasión se ve oportuna.

El Madrid llega con el espíritu rasgado, azotado por la derrota en Champions contra el Barcelona. Ese resultado ha caído como un misil en la casa blanca, una institución a la que Mourinho lanza al pie de los caballos cada vez que relame un micrófono. Su última tormenta aún levanta vientos.

Veremos hasta dónde alcanzan hoy en el Bernabéu. Mourinho despreció ya esa eliminatoria contra el Barça, pero ayer guardó a su cerebro Xabi Alonso y a su insignia Cristiano Ronaldo. También a Lass, a Albiol, al olvidado Pedro León, y descartó a los lesionados Gago y Khedira. En cambio, citó a dos cachorros blancos, Nacho y Juanfran. Con poca Liga por ganar, con cierta dispersión, con el entorno más pendiente de la guerra de guerrillas con el Barça, con un zarpazo psicológico considerable, con rotaciones y con Mourinho bajo sospecha, el Real Zaragoza se permite pensar en arrancar algo positivo de Madrid.

Su problema, paradójicamente, son las rotaciones, la versión secundaria del Madrid que ya martilleó al Valencia 3-6. Hay quien piensa que cómo Mourinho puede renunciar a recursos como Benzema, Higuaín o Kaká y desaprovechar otros como Ozil en los pulsos contra el Barça. Pocos se han parado a exigirle al portugués en este sentido. Ellos le caerán encima hoy al Zaragoza, donde Aguirre será fiel a sí mismo.

No se parapetará ni formará al equipo con un escudo de cinco defensas. La renuncia a esta trinchera es natural. Pese a su formidable potencial, el Real Madrid no es el Barcelona o el Villarreal, cuyos mecanismos colectivos y su radical culto al balón aconsejaron en su momento un rediseño del sistema. El Zaragoza saldrá al Bernabéu como casi siempre.

Sin Bertolo, Boutahar y Ander, y con Uche, Lafita, N’Daw y Jorge López de novedades. Ellos, los demás y el orden, el acierto y la fe de todos son hoy la piedra de Mourinho.

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