Primer título del Man. City

Este miércoles hablábamos de la trayectoria del Manchester City y este sábado se alcazaba con su primer título, la FA Cup. Los de Mancini jugaron la final contra un inferior Stoke City, y fue Yaya Touré el encargado de con un misil desde fuera del área traer el primer título al proyecto jeque.

Pero los miles de millones que su propietario ha invertido en confeccionar una plantilla de impresión no bastaban para imponerse al Stoke, un clásico del balompié de las islas, que se había metido en la final a base de esfuerzo. Hacía falta juego, y Mancini lo puso.

El técnico italiano dio a Tévez y Balotelli la responsabilidad del ataque ‘citizen’. A Silva, le entregó la llave del mismo. El de Arguineguín tuvo libertad en la mediapunta, respaldado por Barry y De Jong. Las combinaciones en tres cuartos de campo fueron la principal apuesta celeste durante los primeros 45 minutos. Y las ocasiones comenzaron a sucederse.

Toure avisó primero desde muy lejos, con un zapatazo que rozó la escuadra derecha de Sorensen. Luego fue Kolarov, con un centro muy cerrado que acabó en la lateral de la red.

El Stoke se resistía a claudicar, aunque pocos esperaban un arranque tan ambicioso del conjunto de Mánchester. Los ‘pottiers’ (alfareros) achicaban como podían y hacían vibrar a sus seguidores con cada balón que conseguían colgar en el área del City. Los temibles saques de banda de Delap y algún centro a balón parado a cargo de Pennant fueron los motivos para la esperanza rojiblanca.

El descanso dejaba sin premio al City y su propuesta, y aparecía como un auténtico oasis para los atareados defensores del Stoke, que sí vieron recompensado su esfuerzo. Por delante, 45 minutos… Por lo menos.

Porque tras la reanudación Tony Pulis dio una vuelta de tuerca a su planteamiento. Tocaba dar un paso al frente, y el equipo de Stoke-on-Trent atacó espoleado por una marea roja que abarrotaba el fondo de Wembley tras la portería defendida por Hart.

Jones tuvo en sus botas la ocasión más clara del partido. El delantero triniteño estuvo solo ante el peligro. Se fajó ante Lescott y Kompany, les trajo de cabeza cada vez que le llegaba un balón largo, y en el minuto 61 les ganó la partida. Estuvo a punto de convertir en gol un despeje de su defensa. Se plantó solo ante Hart, pero no llegó con la claridad necesaria para superarlo.

El City ya no era el del primer acto. Había aflojado en la presión. El desgaste de una temporada repleta de altibajos y el empuje de un rival crecido mermaron el estado físico de los de Mánchester, que comenzaban a temer la prórroga. Entonces Mancini se acordó de Adam Johnson. Corría el minuto 72 cuando sacó al habilidoso extremo y retiró del terreno de juego a Barry. Toure, el centrocampista total, retrasó su posición para acompañar a De Jong en el doble pivote.

Pero el 105×69 de Wembley es una minucia para el marfileño. Cubre más metros que nadie y lo demostró un minuto más tarde al llegar desde la medular hasta el corazón del área rival. Allí rompió el cuero y la final con su pierna izquierda. Recogió un balón suelto y fusiló a Sorensen.

Después de darle a los suyos el pase a la final con una demostración de potencia y clase ante el United, Toure puso el broche de oro a su Copa con un gol fruto de la fe y de una contundencia única en el fútbol mundial.

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