Previa Levante Zaragoza

El Zaragoza afronta la final de las finales, hoy se juega en la última jornada la salvación, con una victoria la salvación sería nuestra, y es que todo está con nosotros el Levante no se juega nada, pero sobre todo hay que hacerlo por esos 15.000 aficionados zaragocistas que se han desplazado al Ciudad de Valencia.

Acude el equipo aragonés al campo del Levante como 18º clasificado. Antepenúltimo. Es decir, en puesto de descenso a Segunda Division, acompañando a los ya sentenciados Hércules y Almería. Por lo tanto, en el choque de esta noche en Valencia el objetivo es único e innegociable: salir de ahí como sea y meter en esa silla eléctrica a cualquiera de los otros cinco equipos que todavía pueden encontrarse hoy con el pasaporte para el infierno (Getafe, Deportivo de La Coruña, Real Sociedad, Osasuna y Mallorca).

Y hay dos opciones para escapar in extremis del corredor de la muerte. Una, gracias a Dios, quedepende únicamente del propio Real Zaragoza: ganar. La otra, que requiere de una carambola: empatar y que el Getafe pierda en San Sebastián o que el Dépor caiga en su campo de Riazor ante el Valencia. Ese es el repertorio de flotadores que ofrece el torneo liguero al Zaragoza en su postrero episodio.

No hace falta explicar qué sucedería si el cuadro zaragocista saliese derrotado en la medianoche del estadio Ciutat de Valencia. Perder hoy es firmar el acta de defunción. Sin posibilidad de réplica ni negociación alguna.

La competición finaliza irremediablemente y, tras 37 oportunidades que no han servido para vivir en tierra firme en la hora de la verdad, no queda más remedio que aprovechar la 38ª y última si no se quiere acabar con la declaración de siniestro total colgada en la puerta de la sede zaragocista de La Romareda.

Sin duda, eso es lo que significaría verificar a las 12 de esta noche que el Real Zaragoza vuelve a empadronarse en Segunda por tercera vez en los últimos 8 años.Una catástrofe de insondables consecuencias.

En este día de reflexión tras la campaña electoral en España, los profesionales del cuadro blanquillo no tienen tiempo para pensar demasiado en lo que se refiere a su cuestión suprema, que es dejar al Zaragoza en Primera.

Futbolísticamente, poco hay que reflexionar después de más de 9 meses de caótica planificación, graves pifias dentro y fuera del césped, rectificaciones sobre la marcha, conflictos internos de índole ejecutiva, fractura social de profundas heridas y, en términos deportivos, la sensación de ir siempre contrarreloj, sin aire y haciendo funambulismo sin red un día tras otro.

Esta noche en Valencia, el Zaragoza ha de afrontar 90 minutos llenos de instinto, de casta, de intuición, de improvisación. A estas alturas, cuando ya la capacidad de maniobra es nula, los de Aguirre no pueden perder demasiado tiempo en meditar, en diseñar un partido a medida.

Es un examen final, de los de no dormir tres días antes, de los de tomar ansiolíticos si son necesarios. De los de mover las piernas por acto reflejo y sentir cinco minutos antes del inicio que se te ha olvidado todo lo que sabías al pie de la letra.

Aguirre se ha llevado a toda la plantilla para hacer piña. El amor por el fútbol y el sentimiento pasional que genera el Real Zaragoza entre una grandísima parte de la población de esta Comunidad Autónoma, se lleva a casi 10.000 aragoneses a las gradas del viejo estadio levantinista.

La piña ahí va a ser descomunal. Sin precedentes en la Liga española en volumen de desplazados en un choque liguero. Un ejército de voces de apoyo, de gasolina para los gastados motores de la plantilla.

Por si algo le faltase a esta obra épica que el Real Zaragoza está obligado a representar hoy en el escenario del barrio de Orriols, los dardos envenenados que han mandado durante la semana los cinco rivales por la permanencia han envenenado el medio ambiente de forma patente.

Getafenses, realistas, deportivistas, osasunistas y mallorquinistas se han encargado, en mayor o menor medida, de impregnar al partido Levante-Real Zaragoza de una pátina de sospechas por la posible compraventa de voluntades a base de primas o amaños.

Algo clásico de estas fechas pero que este año, con la reciente reforma del Código Penal que tipifica estas cuestiones como delito por fraude, ha invitado a varios dirigentes del fútbol patrio a salir a la luz pública para advertir, siempre alrededor del partido del Zaragoza, de los riesgos que se corren si alguien osa hacer trampas bajo mano, como desde hace décadas se rumoréo en cien casos indemostrados.

Sin duda, los títulos de crédito del último partido de esta temporada del Real Zaragoza nos van a dejar para la historia un elenco decisivo para el devenir de este viejo club de 79 años de edad.

Ellos, bajo la dirección del maestro Aguirre, son los que pueden evitar el mayor descalabro desde que este club nació allá por 1932. Nunca una permanencia en Primera significó tanto. Jamás. Que la suerte los acompañe.

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