España 6 Liechtenstein 0

España canjeó en Las Gaunas una goleada por un papelito que nos da derecho a estar en Polonia y Ucrania. Allí se jugará la Eurocopa y allí estará el campeón, en su sitio, donde debe estar para defender su corona de piedras preciosas.

Ese billete nos ofrece la oportunidad de nuestra vida, la de hacer lo que nadie se ha atrevido, la de enlazar dos Eurocopas y un Mundial. El reto del próximo verano nada tendrá que ver con lo que pasó en Logroño, tierra de buen vino en la que España jugueteó con Liechtenstein. Fue día de fiesta nacional en La Rioja y la selección española hizo lo que estaba cantado: ganar, golear y pasárselo bien.

España se lo tomó con mucha calma y lo agradeció Liechtenstein, que se pasó todo el partido en su campo, agazapado en una trinchera sabiendo que no era su guerra. En el once del coronel Del Bosque la gran novedad fue Mata, feliz con Negredo, que correspondió al seleccionador con dos goles de delantero salvaje. El que vio esos tantos demasiado lejos fue Torres, sentado con el chándal en la grada.

La Roja se dio medio hora de relax y abrió la lata en el 33′. Negredo controló un balón que pareció caer del cielo, pero nació en la bota celestial de Xavier Hernández, que encontró un camino que sólo verían los iluminados. El vallecano bajó la pelota y la convirtió en una granada. Entró por el centro, pero el disparo le hubiese destrozado los guantes a Jehle, el portero de Liechtenstein.

El segundo llegó cuatro minutos después. Al que se le ocurrió una idea fue a Iniesta, que asistió a Villa y el 7 se la dio a Negredo, que marcó con el exterior engañándose incluso a sí mismo. Jehle volvió a recibir una bofetada, pero se ganó el pan. Hizo todo lo que estaba en sus manos, salvo al filo del descanso en la falta de Xavi que significó el 3-0. El portero se quedó quieto. Fue como decirle a sus compañeros que él solo no podía con todo lo que se le venía encima y tampoco con Xavi, que ya es el futbolista de campo español que más ha vestido la elástica de la selección.

Al descanso, Del Bosque cambió a Xavi por Cesc y, poco después, metió a Thiago en el lugar de Ramos para hacerle español de pura cepa. El hijo de Mazinho hizo de carrilero y también de amigo de los jugones, clase a la que él también pertenece.

El cuarto gol lo hizo Ramos antes de marcharse del campo (fue en fuera de juego, como el 2-0) y los dos últimos fueron obra de Villa.

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