Real Zaragoza 1 Rayo Vallecano 2

Agapito Iglesias vio cómodamente desde el sofá de su casa el enésimo castigo del Real Zaragoza a su afición. El presidente y máximo accionista del conjunto aragonés evitó las bajas temperaturas que marcaban los termómetros en la capital del Ebro y dejó que fueran los seguidores maños quienes soportaran ‘in situ’ el frío y lo que es peor, la decepcionante imagen del equipo.

A pesar de que nos encontramos a cinco de febrero, la cita era vital por la permanencia. Con cuatro meses por delante el club maño afrontó la primera final de las muchas que le quedan por delante para evitar catástrofes mayores.

Tras el pitido inicial y con el apoyo de su afición, los locales se mostraron muy combativos, jugando en el campo rival y creando las primeras ocasiones del partido por medio de un activo Postiga. El portugués no se limitó a ocupar su espacio como en anteriores citas y en esta ocasión fue de lo mejor de los maños. Peleó todo lo que pudo, complicó la vida a sus marcadores en el juego aéreo y estrenó el marcador en plena Agapitada.

Para poner a prueba a los debutantes Pulido y Joel, delantero luso remató ligeramente desviado un gran centro de Aranda al corazón del área. El ex central del Atlético de Madrid fue incapaz de frenarle y el nuevo meta rayista respiró aliviado al ver como el cuero se iba rozando el palo izquierdo de su portería.

Mientras Da Silva y Paredes mostraban seguridad en los primeros minutos despejando todo lo que les llegaba, Pulido y Arribas no consiguieron frenar a Postiga en la segunda ocasión que tuvo se marcó una media chilena para batir a Joel y dar una inyección de esperanza a las gradas.

Tras el paso por los vestuarios la cosa cambió, Sandoval dio entrada a Diego Costa y los aragoneses dieron un paso atrás que terminó siendo letal para sus intereses

La pelota les quemaba a los jugadores blanquillos y apenas fueron capaces de sumar más de cuatro pases consecutivos. La situación que atraviesan, el juego del rival y una autoestima por los suelos fue una losa demasiado grande para un equipo en el que sólo Apoño y Helder dieron muestras de peligro hasta que Juan Carlos y Lafita pisaron el césped del estadio municipal.

De esta forma y ajeno a toda la situación que atraviesa el Real Zaragoza, Diego Costa pasó por el área para cabecear a gol un perfecto centro de Casado desde la izquierda y conseguir el premio que se llevaba mereciendo el club vallecano desde que se inició la segunda mitad.

El empate servía de poco a los de Manolo Jiménez y tras recurrir a la calidad de Lafita y a la velocidad de Juan Carlos vieron como Michu no faltaba a su cita con el gol y les daba la puntilla para que se empiece a planificar la próxima temporada, se asuma la situación lo antes posible y se regrese a la categoría que merece un club histórico como el Real Zaragoza pero que supera a un dirigente como Agapito Iglesias.

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